Si hay una tendencia deco que se ha colado en nuestro feed esta temporada es, sin duda, la vuelta del tocador. Ese pequeño rincón dedicado al ritual de belleza que nuestras abuelas tenían tan claro y que nosotras, entre prisas y baños compartidos, habíamos olvidado.
Ha vuelto. Y ha vuelto con más estilo que nunca.

La explicación tiene mucho que ver con cómo ha cambiado nuestra forma de entender la belleza. Ya no se trata solo de maquillarse deprisa frente al espejo del baño, con luz fría y el secador en la otra mano. Se trata de convertir el cuidado en un momento propio. Unos minutos de calma, de atención, de placer.
Y para eso hace falta un espacio. El lugar ideal es el dormitorio: más luz natural, más intimidad, más silencio.
Además, el tocador tiene algo de declaración de intenciones. Dedicar un metro de tu habitación a cuidarte es reconocer que ese momento importa. No es un capricho: es una forma de organizar la casa alrededor del bienestar. Y, seamos sinceras, maquillarse sentada, con buena luz y sin nadie llamando a la puerta del baño, es otro nivel.
Las claves de un tocador con estilo
- La luz, lo primero. Junto a una ventana, de lado. La luz natural lateral es la más honesta para maquillarse.
- Un espejo con presencia. Redondo, ovalado o con un marco fino de latón. Nada de espejos de aumento a la vista.
- Orden visible. Bandejas de cerámica, frascos bonitos, pocas piezas. Lo que no sea bonito, al cajón.
- Un asiento cómodo. Un taburete tapizado en bouclé o terciopelo es la apuesta de la temporada.
- Algo que mirar más allá del espejo. Y aquí está el secreto.
El detalle que lo cambia todo: la pared
Los tocadores más bonitos que hemos visto este año tienen algo en común: la pared que rodea el espejo no está vacía. Hay una obra que acompaña, que dialoga con el ritual y que convierte el rincón en una pequeña escena.
Nuestro descubrimiento favorito es la pintura de Adriana Fernández, una artista abstracta que vive y pinta en la ciudad de Ibiza. Su obra Equilibrio en Movimiento es un díptico vertical, dos piezas de 50 × 70 centímetros inspiradas en la fluidez del agua. Imaginadlo a ambos lados de un espejo: enmarca el rostro, aporta textura y un aire mediterráneo muy sereno. En su web podéis ver el resto de su Colección Mediterránea 2026, con piezas en acrílico y materia, llenas de relieve.
Un detalle que nos encanta para este tipo de rincón: sus cuadros tienen los cantos pintados, así que se cuelgan sin marco. El resultado es limpio, actual, nada recargado. Si os apetece explorar más opciones, tiene una selección de cuadros para decorar la habitación que encajan genial con esta tendencia.
Nuestro truco de estilismo
Elegid la paleta del tocador a partir de la obra, y no al revés. Si el cuadro tiene azules suaves y arenas, llevad esos tonos a la bandeja, al taburete, incluso a los frascos. Todo se verá coherente, como en un editorial de revista.
Si el espacio es pequeño, no renunciéis: una balda flotante, un espejo apoyado y una sola obra bien elegida bastan para crear el efecto. Lo importante no son los metros, sino la intención.
Y una última idea: no subestiméis el formato vertical. Dos piezas verticales a los lados de un espejo estilizan la pared, igual que un buen contorno estiliza el rostro. Es la misma lógica de proporciones que usamos con el maquillaje, trasladada a la decoración.
El tocador ya no es un simple mueble. Es una declaración: mi momento de belleza merece un lugar bonito. Y nosotras no podríamos estar más de acuerdo.